Los seguidores de Cristo son perseguidos en todo el mundo por el simple hecho de lo que creen.
En la actualidad, los cristianos enfrentan la realidad de la discriminación en educación, empleos, acosos, divisiones familiares, desalojos, golpes, violaciones, torturas, mutilaciones, encarcelaciones, esclavitud y aún la muerte, en más de 60 países.
Se estima que unas doscientas millones de personas sufren la plaga de la persecución, y otras cuatrocientas millones más sufren impedimentos legales y discriminación.
Cuando usamos el término “Iglesia Perseguida”, con la palabra “Iglesia” nos referimos a las personas que han escogido a Jesucristo como el Señor de sus vidas.
A través de la persecución, Satanás apunta a enterrar la sal de la tierra (Mateo 5:13), y apagar la luz del mundo (Mateo 5:14-16), silenciar o eliminar a los embajadores de Cristo (2 Cor. 5:20), intimidar y debilitar a los hijos de Dios, y levantar un fuerte en contra del evangelio, separando a los perdidos del Redentor.
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